El hombre que confundió a su mujer con un sombrero

El hombre que confundió a su mujer con un sombrero” es mi última adquisición de Reyes (mil gracias, Juanito!). Es un libro escrito por un neurólogo americano que recopila casos clínicos extraños con los que se cruzó en su carrera médica.

Una de las historias más impactantes que he leído es una historia de superación personal, que te horroriza y maravilla al mismo tiempo.

“La dama descarnada” habla de una veinteañera que, de la noche a la mañana, pierde todas sus capacidades motoras por una neuritis que destruye todo su sentido proprioceptivo, el sentido básico que te relaciona con tu propio cuerpo. Este “sentido” es un sistema de retroalimentación que le dice al cerebro que tu cuerpo realmente se ha movido cuando le pides que se mueva: tus manos, tus piernas, tus cuerdas vocales… Todos tus movimientos se basan en este sistema básico.

La pobre mujer, totalmente sana hasta entonces, pasó a ser un peso muerto tumbado en la cama de un hospital porque era incapaz de mantenerse de pie, mover las manos, comer… e incluso hablar porque el sistema proprioceptivo es crítico para el manejo de las cuerdas vocales (de ahí que muchos sordos congénitos puedan aprender a hablar).

No fueron capaces de curar su mal, el sistema proprioceptivo estaba totalmente dañado, pero la ayudaron a desarrollar otros métodos para suplir, en parte, su carencia: el sistema proprioceptivo no es el único sistema de feedback interno, sino que la propia vista y el sentido del equilibrio nos ayudan en el desarrollo de nuestras tareas diarias.

Imaginaos la fisioterapia a la que tuvo que enfrentarse y la dificultad que entrañaba: aprender a comer observando cómo sujetaba los cubiertos (si presionaba demasiado veía cómo los dedos perdían la sangre, si apretaba poco veía cómo se deslizaba el tenedor entre sus manos), cómo mantenerse sentada y andar a través del equilibrio y la vista, cómo volver a hablar escuchándose a sí misma… Fue un largo año, pero, aunque los resultados no fueron perfectos, le permitían desenvolverse sin ayuda.

El autor la compara con Hellen Keller, la sordociega de la película El milagro de Ana Sullivan. Otra historia de superación donde tanto el paciente como el terapeuta dan muestra de un coraje fuera de lo común.

El libro está lleno de estas pequeñas pero grandes historias. De personas con un gran mal aprendiendo a superarlo. Me lo pensaré la próxima vez que me queje de algo… y también la próxima vez que me vea incapaz de lograr cualquier cosa.

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