Bookcrossing

En la meca del capitalismo y la propiedad privada el apego a los bienes materiales es sorprendentemente escaso. Para un observador ajeno, el nomadismo parece ser inherente al American Way of Life. Probablemente en parte debido a la enorme extensión del país, el ciudadano americano parece tener una movilidad máxima y el mercado de objetos de segunda mano está a la orden del día: tiendas de ropa que te permiten convertir tus viejos trapos en cash (un poco miserable el trueque: 15% del PVP ya rebajado), pequeños bazares de objetos y cacharrería variada, discos, libros… Y no olvidemos esos grandes templos de mitos y fetiches repartidos a lo largo de todo Hollywood Blvd.

Es una experiencia recorrer cualquiera de estas tiendas, intentando adivinar quién fue el dueño anterior de este o aquel objeto y qué motivo le obligó a deshacerse de un pequeño tesoro. De hecho, una de las actividades más típicas en Berkeley es visitar cualquiera de sus tiendas de libros usados. En una ciudad repleta de estudiantes, el tráfico de libros de texto y literatura general es abrumador.

En una de esas librerías fue donde decidimos comprar un par de libros que nos recordasen el viaje. Suponiblemente eligió uno de Jack London (un californiano de pro) y yo elegí Portnoy’s Complaint de Philip Roth. Ayer por la tarde comencé a leer el libro. Al abrir la segunda página encontré la siguiente dedicatoria (traducción libre):

“¡Felices 28, Hermano Mayor!
Recientemente leí este libro y me recordó a ti (en realidad a toda nuestra familia). El protagonista le expone a su terapeuta sus lucha para adaptarse a su identidad dentro de, y fuera, de su entorno familiar. Muchos de los problemas del protagonista se refieren a su sentimiento de encierro en la moralidad judía, algo que no está directamente relacionado con nosotros, pero la línea general de confrontación familiar es altamente pertinente en nuestras vidas. Espero que lo cojas. Roth es un escritor muy emocional y extremadamente divertido. Disfrútalo!
Con cariño, Bryan.”

Sólo llevo diez páginas del libro, pero estoy escudriñando cada línea, esperando encontrar tras alguna de ellas el motivo que puedo llevar a nuestro Big Bro a deshacerse de un regalo tan personal… De momento, lo único que Roth desvela sobre el protagonista es que su obsesión de juventud es la ubicuidad de su madre y el estreñimiento morboso de su padre. Os seguiré contando…

Toda esta historia me ha recordado a un libro que cacé en un cementerio de París. Encima de la tumba de Jean Paul Sartre, un lector fiel al autor había liberado una de sus obras. Liberar es la bonita palabra con la que los miembros del movimiento bookcrossing denominan a dejar un libro en un sitio público, con el objetivo de que alguien lo cace y, tras leerlo, lo vuelva a soltar, y así otros puedan también conocer y disfrutar de la obra. Cada libro está numerado, para que los primeros liberadores puedan seguir el rastro de sus sueltas a través de su página web. Aunque la historia del nacimiento del Bookcrossing es algo patética, el resultado es una iniciativa de fomento de la lectura original y divertida.

Anuncios



    Responder

    Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

    Logo de WordPress.com

    Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

    Imagen de Twitter

    Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

    Foto de Facebook

    Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

    Google+ photo

    Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

    Conectando a %s



A %d blogueros les gusta esto: